Equilibrando el sistema nervioso

El comportamiento de la mayoría de los niños es involuntario y no planeado. Su comportamiento, aunque es perturbador y difícil de manejar, es representado como un intento de comunicar una necesidad.

La seguridad: Nuestra necesidad más importante.

Su comportamiento externo está comunicando un fuerte y resonante mensaje de, “No me siento seguro ahora mismo“. Como seres humanos, nuestra principal responsabilidad es permanecer VIVOS, por lo que tendría sentido que nuestra capacidad de protegernos de cualquier amenaza se rigiera por un sistema automático, reflexivo y rápido.

Por eso es importante presentar al sistema nervioso simpático (SNS). Esta es una de las dos ramas de nuestro sistema nervioso autónomo que está inteligentemente diseñado para ayudarnos a luchar con furia, congelarnos o alzar el vuelo cuando nos encontramos con una amenaza que pueda alterar nuestra supervivencia. En algunos casos, nuestros hijos perciben gran parte de su mundo exterior como una amenaza (aunque nos esforcemos por crear un entorno seguro). También tienen grandes dificultades para manejar, reconocer y comprender sus emociones, lo que también crea un entorno interno de angustia.

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La activación del sistema nervioso simpático es esencialmente una respuesta al estrés. Cuando se percibe una amenaza, se envía un mensaje a nuestras glándulas suprarrenales, para que segreguen adrenalina y cortisol. Estos son químicos naturales (hormonas) que nuestro cuerpo produce para darnos de forma temporal una fuerza súper humana para huir de una situación peligrosa, luchar para preservar nuestra vida, o congelarnos, quedándonos quietos para no ser vistos por un depredador.

Cuando realmente estamos en peligro, este mecanismo del SNS puede salvar nuestra vida. ¿Alguna vez has oído hablar de una persona que fue capaz de levantar un coche para liberar a un individuo atrapado bajo el vehículo? Esta no es una fuerza cotidiana o normal, sino una habilidad momentánea obtenida a través de la liberación de estas hormonas.

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El estrés constante es tóxico y es realmente muy dañino para tu cerebro y cuerpo.

Para muchos de nuestros niños, su comportamiento es en realidad una respuesta al estrés. Están tratando de protegerse a sí mismos y en base a su nivel de desarrollo, su competencia social y emocional y sus habilidades de comunicación, te están dando lo mejor que tienen. Depende de nosotros ayudarles a utilizar estrategias efectivas para activar la otra rama de ese sistema nervioso autónomo, la rama parasimpática (PNS). El sistema nervioso parasimpático, está diseñado para poner los frenos a esa respuesta de lucha, vuelo o congelación y nos ayuda a relajar, calmar y asentar un sistema bajo un estado de afán o carrera.

En la década de 1060 el Dr. Herbert Benson descubrió que la forma en que usamos conscientemente nuestra respiración o dirigimos nuestra atención puede estimular el SNP y ayudarnos a relajarnos. Una de las formas en que esto sucede es a través de un nervio principal que va desde la base de nuestro cerebro y viaja a través de nuestro cuerpo. Se llama el Nervio Vago (también conocido como “nervio viajero”). Cuando este nervio es estimulado, envía un mensaje desde el cuerpo al cerebro, informándole de que es seguro. Está bien ir más despacio, relajarse y asentarse.

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Existen muchas herramientas de respiración, movimiento y atención que compartimos con los estudiantes y que les ayudan a activar el Nervio Vago y el sistema nervioso parasimpático.